27 abr. 2013

Un infomercial moralista


Asu Mare se ha convertido en un fenómeno social sin precedentes en la historia del cine peruano, porque está a punto de coronarse como el film más taquillero de todos los tiempos en nuestro país y porque ha atizado las brasas del debate sobre el aporte económico del Estado a los proyectos locales. Sin embargo, al margen de toda la bulla que ha generado, estamos ante una película mediocre, con más limitaciones que aciertos.

“Cachín” (Carlos Alcántara) es un chico pobre que sueña con ser una estrella de televisión y que debe superar ciertos complejos para conquistar a una chica de otro estrato social. En todo momento, su mamá lo apoya incansablemente y le inculca disciplina.

El film está basado en el espectáculo de stand-up comedy del mismo nombre. De hecho, intercala algunos extractos del show de Alcántara con otras escenas que recrean distintos pasajes de su vida. Lamentablemente, ese paralelo resulta forzado porque cuando una escena empieza a generar interés, por ejemplo, Cachín se acerca a la chica que le gusta para sacarla a bailar, se corta la escena y la edición nos lleva a un pub en el que Alcántara le cuenta a los espectadores qué pasó esa noche, qué se dijeron y cómo bailaron. 

Entiendo que el carisma de Alcántara es el punto fuerte de su espectáculo y han querido mantener ese atributo intacto en el film. Pero transmitir extractos de su stand up comedy en vez de desarrollarlos como una ficción, es un desperdicio tan grande como si en la película de una adaptación literaria, se interrumpieran las escenas para mostrar al autor de la novela sentado en un sofá leyendo en voz alta.

Y si hablamos de leer, ¡qué inoportuno el rol del narrador moralista! Toda la gracia y picardía que Alcántara despliega en su show, se opaca cuando su voz en off recita desgastados textos de manuales de autoayuda, sobre la superación personal y la lucha por un sueño. La arbitrariedad y el afán educativo llegan a un punto crítico cuando Cachín abandona las drogas repentinamente porque un niño de la calle le regala una nariz roja y acto seguido, él va a un taller de claun para rehacer su vida y purgar sus penas.

Donde sí acierta el film es en la recreación de los años 80 y 90, al captar de manera convincente el look de esas décadas, en cuanto a la dirección de arte, maquillaje y vestuario. Algunos personajes secundarios también saben aprovechar sus fugaces apariciones para crear los momentos más divertidos del film, especialmente Wendy Ramos como una mujer con diferentes oficios: vidente, costurera y usurera. 

Como mencionaba al inicio, Asu Mare ha revivido el debate sobre el financiamiento del cine en nuestro país. La mayoría de películas peruanas sufren para conseguir apoyo económico y a duras penas se las arreglan con el escaso apoyo del Estado, pero este film ha tenido la bendición de conseguir el auspicio de varias empresas privadas. De todos modos, resulta excesivo que muestren primeros planos de esas marcas y las inserten gratuitamente en la trama, porque la película pasa a ser un infomercial descarado. 

Al final, resulta evidente que es un producto hecho por un equipo de publicistas y no por un cineasta de oficio. Será por eso que han hecho estudios de mercado para conocer a su público y han elaborado un entretenimiento extra light, con buen empaque pero un contenido pobre.

Título original: Asu Mare
País y año: Perú 2013
Director: Ricardo Maldonado
Actores: Carlos Alcántara, Ana Cecilia Natteri, Gisela Ponce de León, Emilia Drago, Wendy Ramos, Johanna San Miguel, Carlos Carlín, Tatiana Astengo, Gonzalo Torres, entre otros.

Calificación: **.

3 abr. 2013

La ciudad fantasma


Una epidemia trae consigo muerte, ausencia, abandono, desconfianza e incertidumbre. Pero también representa un acercamiento entre los sobrevivientes. De eso trata El limpiador, la estupenda ópera primera de Adrián Saba, que nos muestra una Lima arrasada por una enfermedad contagiosa que está desapareciendo a la población.

La película es narrada desde la perspectiva de Eusebio, un limpiador forense encargado de levantar los cadáveres de las víctimas de la epidemia. Inesperadamente, en una de las casas que debe “limpiar”, encuentra a Joaquín, un niño que acaba de quedar huérfano. Sin proponérselo, decide hacerse cargo de él, al menos hasta que encuentre algún pariente del niño.

Tanto Eusebio como Joaquín tienen en común una relación ausente y/o distante con sus respectivos padres. Esa carencia los hermana. La soledad los obliga a acompañarse. Su inicial incomunicación va desapareciendo sutilmente para dar paso a una relación de complicidad y mutua dependencia.

En el rol de Eusebio, Víctor Prada logra una actuación de emociones contenidas, que empiezan a aflorar en medio de la catástrofe. Por su parte, el debutante Adrián Du Bois acierta como el desorientado Joaquín. En un rol fugaz, Ana Cecilia Natteri se roba la atención como una mujer que se sorprende al encontrar gente viva en el metro.

Lima aparece irreconocible. Está más gris que nunca, devastada y vacía. La fotografía, que privilegia los tonos opacos y sombríos, contribuye a crear la atmósfera de una ciudad fantasma.

El director y guionista Adrián Saba no pretende ahondar en el origen de la epidemia, tan sólo presenta algunos datos sueltos a través de las transmisiones de los noticieros locales. Prefiere concentrarse en mostrar cómo a pesar de que la ciudad es consumida por la muerte, dos personas solas se aferran juntas a la vida.

Título original: El limpiador
País y año: Perú 2013
Director: Adrián Saba
Actores: Víctor Prada, Adrián Du Bois, Miguel Iza, Carlos Gassols, Mario Velásquez, Ana Cecilia Natteri, Milena Alva, entre otros.
Calificación: ****.