29 sept. 2013

Exceso de equipaje


Desde Carne trémula hasta La piel que habito, Pedro Almodóvar se dedicó en los últimos 15 años a hacer dramas intensos. Es la mejor época de su carrera, la destilación de toda su experiencia como cineasta. Ahora ha decidido dejar temporalmente las tormentas y los tormentos para volar por un cielo más despejado con la comedia Los amantes pasajeros.

Un avión se dirige a México DF, pero tiene un serio desperfecto técnico. En la clase ejecutiva, se desata el caos: primero la angustia, luego la borrachera y después las confesiones inesperadas. Mientras tanto, los tres sobrecargos intentan distraer a los pasajeros.

El propio Almodóvar ha confesado que quería volver a hacer una comedia disparatada, como aquellas con las que rompió esquemas al inicio de su carrera: Laberinto de pasiones o Entre tinieblas. Los amantes pasajeros es una heredera directa de estas obras, al mostrar personajes arrebatados, situaciones bizarras y diálogos escritos con una pluma afilada.


Al ser una comedia coral, el protagonismo se dispersa entre distintos personajes. Destacan nítidamente los tres sobrecargos gays (Javier Cámara, Carlos Areces y Raúl Arévalo), adictos al alcohol, el sexo, el chisme y los números musicales. Tanto Cecilia Roth como Lola Dueñas crean personajes memorables como la diva Norma Boss y una vidente virgen, respectivamente.

La principal falla de este vuelo piloteado por Almodóvar, es el exceso de equipaje. Todas las escenas que ocurren fuera del avión son banales. La secuencia de Penélope Cruz y Antonio Banderas, la primera que filman juntos en su vida, es anodina. Y ni qué decir de Blanca Suárez, desperdiciada en un melodrama que desencaja con el resto del film.

A pesar de camuflarse usando el disfraz de una comedia ligera, la película funciona como una metáfora de la crisis económica que azota a España: un avión sin rumbo fijo, un banquero que huye, una clase económica dopada. A algunos críticos les pareció una comparación forzada, pero yo considero que es una propuesta válida y pertinente.

Aunque Los amantes pasajeros no sea una obra maestra, no deja de ser una inclusión atractiva en la filmografía de Almodóvar, una comedia que no teme desabrocharse el cinturón de seguridad y dejar fluir sus instintos primarios.

Título original: Los amantes pasajeros
País y año: España 2013
Director: Pedro Almodóvar
Actores: Javier Cámara, Carlos Areces, Raúl Arévalo, Lola Dueñas, Cecilia Roth, Antonio de la Torre, Hugo Silva, José María Yazpik, Penélope Cruz, Antonio Banderas, Blanca Suárez, entre otros.
Calificación: *** 1/2.

22 sept. 2013

Una travesía mental sin arraigo

El espacio entre las cosas es una película peruana que escapa a todos los moldes y clasificaciones. Trata sobre un director que prepara una cinta policial y sus pensamientos se enlazan a una serie de imágenes hipnóticas, propias de un sueño difuso. En esta entrevista, el director Raúl del Busto nos cuenta cómo concibe su propuesta e invita a los espectadores a sentirse en la libertad de interpretar y seguir creando.

Al inicio de la película, una voz en off le pide a los espectadores que "no piensen, sólo sientan". ¿Esta sugerencia invita a desconectar completamente la razón?

Invita a no condicionar, a que afrontemos las cosas sin los filtros, los filtros son los pensamientos. Invitamos a ver y oír sin pensar.

El ganador de la Palma de Oro Apichatpong Weerasethakul dijo sobre la película: "Por momentos sentí que mis sueños saltaban a la pantalla". ¿Concebiste el film como un viaje onírico?

Sí, algo así, una especie de travesía mental donde no hay arraigo, donde no hay seguridades de lugar y tiempo, donde no podemos predecir qué será lo siguiente. Ese flujo constante, esa falta de permanencia que es propia del sueño y de la ilusión, me interesaba para El espacio entre las cosas.

¿El guion sufrió grandes cambios durante la filmación, a partir de los hallazgos que encontraste con la cámara?

La cámara prácticamente ha sido mi guión, gran parte de la película ha sido escrita directamente con la cámara. Me entreno en la reacción, no en la planificación.

Destaca la gran variedad de locaciones: Iquitos, Cuzco, México, Barcelona, etc. ¿Qué elementos tienen en común todas estas ciudades?

Creo que los elementos comunes son el simple hecho de que sean espacios y que haya una presencia. En el fondo, todo es lo mismo.

En la película se marcan distintos contrastes: ficción y documental, sueño y realidad, campo y ciudad, silencio y ruido. ¿Intencionalmente buscabas mostrar extremos opuestos?

Buscaba la inefabilidad, buscaba lo que está más allá de las palabras, lo que está más allá de la clasificación. Buscaba confianza en el caos y, finalmente, buscaba pero sin buscar, simplemente estando presente. Ser presencia con la cámara.

El sonido del film es uno de sus grandes atractivos: la música, el sonido ambiental, la voz en off. ¿Consideras que el cine contemporáneo nos ha acostumbrado más a ver que a prestar atención a lo que oímos?

Quizás se le dé más importancia a la imagen que al sonido, pero ambos, imagen y audio se potencian mutuamente, hay que formar el hábito de la atención plena, es dañino jerarquizar uno por sobre el otro. El asunto está en tratar de ver las cosas de manera propia, sin creencias de otro. Sentirse en la libertad de interpretar, de construir, de continuar creando, creo que eso es lo que se le quiere brindar al espectador con la película.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

 Por la experiencia vivida, prefiero no referirme a futuros proyectos, que se conozcan cuando estén listos.

7 sept. 2013

Presencias invisibles

El conjuro es un film sobre fenómenos paranormales que es, al mismo tiempo, un fenómeno en sí mismo: ha sido un notable éxito de taquilla, ha conquistado a la crítica y ha venido a reivindicar a un género tan desgastado como el terror. Desde hace varios años, ninguna cinta de terror hecha en Hollywood generaba tanta bulla y, sobre todo, tantos sustos.

Ed y Lorraine Warren son una pareja de investigadores paranormales que acuden ante la llamada de auxilio de la familia Perron, quienes viven en una casa aparentemente embrujada en Rhode Island. El hallazgo de los Warren pone en peligro a ambas familias y desata la ira de varias presencias demoníacas.

El director James Wan (Saw, Insidious) crea una atmósfera tensa y cargada de ansiedad desde la primera escena, con la perturbadora subtrama de la muñeca Annabelle. Luego, cuando la familia Perron empieza a experimentar extraños sucesos en su nueva casa, Wan dosifica adecuadamente el terror, haciendo que se vuelva cada vez más asfixiante.

No es casualidad que la historia esté situada en los años 70, una década dorada para el cine de terror, con grandes exponentes como El exorcista y La profecía. El conjuro toma algunas referencias de estos filmes y luce orgullosamente su factura clásica, sus técnicas de la “escuela antigua” al crear terror a partir de ruidos sutiles o presencias invisibles.

Vera Farmiga y Patrick Wilson lucen totalmente creíbles como Ed y Lorraine Warren. El guion aprovecha muy bien su rol de expertos y acierta al insertar sus explicaciones sobre cosas tan cotidianas como el sonido de los tablones de madera o la posesión de los espíritus malignos sobre personas vivas.

Si en algo falla El conjuro, es en el precipitado tramo final, porque la resolución se ve empañada por el sentimentalismo facilón.  Aun así, se trata de una película que podría tranquilamente reclamar su lugar de honor entre las mejores representantes del terror en lo que va de esta década.

Título original: The Conjuring
País y año: Estados Unidos 2013
Director: James Wan
Actores: Vera Farmiga, Patrick Wilson, Lili Taylor, Ron Livingston, Shanley Caswell, Hayley McFarland, Joey King, entre otros.
Calificación: *** 1/2.