30 jun. 2015

La emoción extinta

Recuerdo claramente la impresión que dejó en mí Jurassic Park, en 1993, cuando salí del cine completamente asombrado. Fue un clásico del cine de aventuras que marcó mi niñez. Los dos siguientes capítulos de la saga no lograron capturar la misma magia y pasaron rápidamente al depósito de secuelas desechables. Allí también podría ir a parar Jurassic World, el inicio de una nueva trilogía que toma como modelo el film original, pero cuyo resultado es tan decepcionante como un Tironasaurio Rex que ruge pero no muerde.

22 años después de los sucesos en la isla Nublar, se instala allí el parque temático Jurassic World, el cual presenta como atracciones distintas especies de dinosaurios. Una nueva especie modificada genéticamente, la Indominus Rex, escapa del lugar donde la tenían en cautiverio y desata el caos en la isla.


La Indominus Rex posee habilidades especiales como la capacidad de camuflarse, manipular su temperatura térmica y -aquí viene la mejor parte- arrancarse trozos de su propio lomo con la precisión de un cirujano. Sin duda, estamos ante el primer dinosaurio en la historia del cine que tiene conocimientos de medicina. Su gran inteligencia muchas veces deja en ridículo a los pobres humanos incapaces de prever las acciones del monstruo asesino que han creado en un laboratorio.

Otra adición interesante al catálogo de dinosaurios es la Mosasaurus, una gigantesca criatura submarina que reside en un lago artificial y que ingiere tiburones como si fuesen bocaditos. Junto a las nuevas adquisiciones, destacan los dinosaurios ya conocidos: los velociraptores, quienes ahora son entrenados para seguir instrucciones humanas, y el Tiranosaurio Rex, quien sólo aparece en el tramo final.

Los personajes humanos, en cambio, son estereotipos unidimensionales. Claire Dearing (Bryce Dallas Howard) es la directora del parque, una workaholic y maniática del control que no tiene tiempo de atender a sus dos sobrinos, quienes están de visita en el parque. Owen Grady (Chris Pratt) es el heroico entrenador de los velociraptores que se autodefine como su macho alfa. Y Vic Hoskins (Vincent D'Onofrio) es el jefe de seguridad de InGen que encarna todos los clichés que suelen tener los villanos en este tipo de cintas: codicioso, autosuficiente y terco.

En el cine de aventuras y ciencia ficción, existe el concepto de "suspensión de la incredulidad", es decir, la voluntad que tienen los espectadores de aceptar situaciones irreales pero que son coherentes al universo narrativo que crea una determina obra de ficción. Por ejemplo, aunque los dinosaurios estén extintos hace millones de años, aceptamos la fantasía de creer en un parque temático que los tiene como atracciones.

Sin embargo, muchas películas abusan de los límites de la verosimilitud y nos presentan situaciones tan absurdas que arruinan la diversión, como las que abundan en Jurassic World: una mujer en zapatos de tacón corriendo más rápido que un T-Rex, unos niños arreglando en minutos un vehículo abandonado hace dos décadas, unos fósforos que prenden mágicamente después de haber estado sumergidos en agua y así sucesivamente.

Si hay algo que podemos rescatar de Jurassic World son los efectos visuales, sobre todo en la animación de los nuevos dinosaurios y en las expresiones faciales de los velociraptores. También funcionan bien un par de escenas de acción: el ataque de la Indominus Rex a la giroesfera en la que están atrapados los dos niños y el vuelo amenazador de los pterosaurios que agreden a los visitantes del parque, lo cual es un claro homenaje a The Birds de Hitchcock.

Si Jurassic Park es una de las cintas más recordadas de los años 90 es porque supo integrar a los dinosaurios en el argumento de manera creíble y sorprendente. A Jurassic World le falta ese factor sorpresa y le sobran las situaciones predecibles, repetitivas y absurdas.

Título original: Jurassic World
País y año: Estados Unidos 2015
Director: Colin Trevorrow
Actores: Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Vincent D'Onofrio, Irrfan Khan, Omar Sy, Ty Simpkins, Nick Robinson, entre otros.
Calificación: ** 1/2.

23 jun. 2015

Una nueva ventana: Cinencuentro

Hace poco fui invitado a ser colaborador de Cinencuentro, página web especializada en cine que fue creada hace más de 10 años. Estoy entusiasmado por este reto, pues soy lector de esa página desde hace varios años y ahora voy a poder compartir con más gente mis impresiones sobre lo que más me apasiona: el cine.

Eso no quiere decir que dejaré de lado el blog Las Horas Rojas. Por el contrario, mi intención es compartir aquí un resumen de mis posts en Cinencuentro y, en paralelo, escribir algunos posts que serán exclusivos para este blog. Por otro lado, se mantiene vigente la página de Las Horas Rojas en Facebook, en la que diariamente publico noticias, trailers, información sobre los estrenos de la semana, los lunes de soundtrack, entre otros datos de interés.

Por si te los perdiste, estos han sido mis tres primeros posts en Cinencuentro:


Crónicas diplomáticas (Quai d’Orsay) es una mordaz sátira política que nos introduce en el mundo de la diplomacia y, específicamente, en la olla a presión en la que se transforma la oficina del Ministro de Asuntos Exteriores de Francia (leer más).


En Aloft, la directora Claudia Llosa mantiene algunos de los temas desarrollados en sus películas previas, como el misticismo, la superación de un trauma y la necesidad de encontrar una catarsis. También se mantiene la representación del dolor físico y emocional, como motores de una búsqueda personal muy profunda que emprenden los personajes desde la oscuridad hacia la luz (leer más).


Intensa-Mente tiene suficientes elementos de humor y acción para mantener entretenidos a los niños, pero su inesperada profundidad psicológica y acertado retrato del proceso de madurez hacen que su original propuesta conecte con los adultos en un mayor nivel emocional. Esta joya de la animación es un nuevo triunfo artístico de Pixar que merece reclamar un lugar de honor entre los mejores estrenos del año (leer más).