22 mar. 2017

Un sereno viaje desde la oscuridad hacia la luz de luna

Todo el drama que se generó en los minutos finales de la última ceremonia del Oscar, cuando se anunció por error a una ganadora incorrecta (La La Land) en la categoría de mejor película, opacó el doble hito que estaba ocurriendo. Luz de luna (Moonlight) hizo historia al convertirse en la primera cinta de temática LGTB y, al mismo tiempo, la primera cinta con un elenco enteramente conformado por actores negros, en alzarse con el Oscar a la mejor película. 

Estamos entonces ante una hazaña histórica con la cual la Academia ha querido reivindicar a dos minorías: la comunidad LGTB y la población negra de Estados Unidos. Muchos han visto en la elección de esta película un llamado de inclusión y tolerancia frente al convulsionado clima político que vive Estados Unidos desde la llegada de Donald Trump al poder. Y puede que sea cierto. Pero también es cierto que estamos ante una cinta extraordinaria que merecía ganar el Oscar, pues era la mejor de las 9 nominadas.

La película está estructurada a partir de tres episodios que cuentan la niñez, adolescencia y juventud de Chiron, un chico gay y negro que vive en un barrio pobre de Miami. A lo largo de los tres episodios, Chiron trata de encontrar su lugar en el mundo, mientras lucha contra el bullying, el frágil estado emocional de su madre drogadicta, la soledad y las dudas sobre su propia sexualidad.

Durante el crecimiento de Chiron, resulta clave su relación con tres personajes. Por un lado, está su madre Paula (Naomie Harris), quien lo ama, pero descuida su educación al estar sumergida en su dependencia a la heroína. Por otro lado, está Juan (Mahershala Ali), un traficante de drogas que asume el rol de mentor y figura paterna en la vida de Chiron, guiándolo y aconsejándolo en su niñez, cuando él se siente perdido y vulnerable en un entorno que le resulta hostil.

El tercer personaje clave en la vida de Chiron es Kevin, su amigo desde la niñez. Cuando son adolescentes, se establece un encuentro íntimo que remece los cimientos de la vida de Chiron. El destino los separa y años después, cuando son adultos, se produce un reencuentro decisivo en el que pueden desprenderse de ciertos temores de su adolescencia, para hablar con más franqueza.

La evolución de Chiron es notable. Primero es un niño sumamente callado y casi incapaz de comunicarse con otras personas, pues vive encerrado en su propia celda de silencio y dolor. Luego, es un adolescente perturbado que sufre de acoso escolar y que intenta responder quién es él y qué es aquello que define su identidad. En su juventud, es un hombre transformado: su cuerpo es más musculoso y sus palabras afloran con más fluidez, pero conserva la misma fragilidad en su interior.

Resulta fundamental el gran trabajo realizado por los tres actores que interpretan a Chiron: Alex R. Hibbert en su niñez, Ashton Sanders en su adolescencia y Trevante Rhodes en su juventud. Los tres logran transmitir el mismo sentimiento de vulnerabilidad, incertidumbre y búsqueda de afecto.

En cuanto a los personajes secundarios, destaca Mahershala Ali (ganador del Oscar al mejor actor de reparto) como el benevolente Juan. Su actuación está compuesta de pequeños y sutiles gestos que transmiten sabiduría y serenidad, pero también logra expresar su conflicto interior en su estupenda escena final, cuando se da cuenta que Chiron sufre por la drogadicción de su madre y él es parte involuntaria de ese ciclo destructivo y nocivo.

Los dos únicos personajes femeninos están muy bien actuados. La actriz británica Naomie Harris logra una intensa actuación como Paula, al dotarla de profundidad y complejidad, sobre todo cuando el afecto hacia su hijo se ve nublado por la desesperación de su adicción. Por su parte, Janelle Monáe interpreta con calidez y carisma a Teresa, la novia de Juan, quien logra romper la coraza de Chiron cuando es niño para intentar que se comunique un poco más.

El director y guionista Barry Jenkins compone una cinta autobiográfica impregnada de sensibilidad y gran atención en cada detalle. Eso explica esa sensación de autenticidad que recorre la película desde el inicio hasta el final: ninguna escena se siente forzada y ningún diálogo sobra. Por el contrario, el guion destacada por su naturalidad y aparente sencillez que esconde siempre temas más complejos debajo de la superficie de las palabras.

A pesar de ser una película de muy bajo presupuesto, son sobresalientes algunos aspectos técnicos. La fotografía privilegia la expresividad del azul y otros colores fríos para comunicar el sentimiento de melancolía y desesperanza. La bella música compuesta por Nicholas Britell también acompaña con una serena tristeza la trayectoria de Chiron, sin llegar a ser jamás intrusiva ni manipuladora.

Luz de luna es una de las mejores películas sobre temática gay que se han estrenado en lo que va de esta década. Nunca cede al camino fácil del sentimentalismo y, por el contrario, entiende que para contar una historia que se sienta auténtica hace falta dotar de humanidad a sus personajes y ayudarlos a conocerse a sí mismos. Ahí cobra mayor sentido el hermoso título, ya que hace referencia al viaje interior que realiza Chiron desde la agobiante oscuridad de la incertidumbre hacia la cálida luz de la certeza de saber quién es él en realidad.

Título original: Moonlight
País y año: Estados Unidos 2016
Director: Barry Jenkins
Actores: Trevante Rhodes, Naomie Harris, Mahershala Ali, Ashton Sanders, André Holland, Alex R. Hibbert, Janelle Monáe, entre otros.
Calificación: **** 1/2.